La firma electrónica en la gestión de los documentos electrónicos.

firma-digitalJosé Estañ Bistuer, Consultor de ECM en Informática El Corte Inglés.

Las últimas noticias de la Unión Europea señalan el próximo el 1 de julio de 2.014 como probable fecha de entrada en vigor del Reglamento sobre la regulación de identificación electrónica y servicios de confianza en las transacciones electrónicas. Así las políticas del espacio físico común europeo y sin fronteras se aplicarán igualmente al espacio digital.

Ante esta situación parece adecuado plantearse la vigencia de los distintos sistemas de firma electrónica, las ventajas e inconvenientes de su uso y, sobre todo, su fuerza probatoria en caso de litigio.

La firma electrónica es un componente básico –tal vez imprescindible- de las transacciones que se realizan mediante documentos electrónicos, siempre que se quiera dar a esas transacciones un valor vinculante entre las partes y oponible frente a terceros. Paradójicamente, en la era digital la firma electrónica debe enfrentarse a cierta desconfianza de la que, sin embargo, la firma tradicional manuscrita no se ve afectada. Si analizamos las garantías y la regulación legal de ambos tipos de firmas, inevitablemente llegaremos a la conclusión de que la desconfianza que para determinados actos genera la firma electrónica se debe exclusivamente a su juventud.

Para empezar debemos reparar en el hecho de que no existe una definición legal de firma manuscrita. Al parecer en ningún momento el legislador se ha planteado la necesidad o la conveniencia de fijar en una disposición normativa el concepto de firma, probablemente porque es una forma de acreditar la identidad del firmante avalada por siglos de uso. Todo el mundo, por tanto, acepta la firma manuscrita y nadie le discute el máximo valor probatorio. Aunque su concepto carezca de un soporte legal reflejado en una norma concreta.

Frente a la firma tradicional y a su antigüedad de siglos –¡Siglos!: algo que en el mundo digital provoca vértigo–, la gestión de los documentos electrónicos precisa un sistema propio para acreditar la identidad del firmante así como la integridad del contenido de los documentos. Este sistema es, precisamente, la firma electrónica.

A diferencia de lo que ocurre con la firma manuscrita, el concepto de la firma electrónica se encuentra definido, perfilado y matizado, tanto en la legislación europea como en la nacional, ofreciéndonos esta normativa material suficiente para redactar un sinfín de manuales y artículos sobre el tema. El ejemplo más reciente es el Reglamento Europeo citado al inicio, que será de aplicación directa en los estados de la Unión Europea. De manera que la joven firma electrónica cuenta con una carta de presentación que le permite aspirar a comparecer en plano de igualdad con su antecesora la anciana y muy fiable firma manuscrita.

Hemos hablado hasta ahora de “firma electrónica”, pero sería más correcto hablar de “firmas electrónicas” utilizando el plural ya que la normativa distingue tres tipos diferentes. Hacemos a continuación una breve referencia a cada uno de estos tipos, recomendando la lectura del artículo 3 de la Ley 59/2003, de 19 de diciembre, de firma electrónica, para adquirir un conocimiento más exacto.

La Ley define a la firma electrónica como “el conjunto de datos en forma electrónica, consignados junto a otros o asociados con ellos, que pueden ser utilizados como medio de identificación del firmante.” Esta sería la firma electrónica simple (o simplemente la firma electrónica) y comprendería sistemas tipo PIN e incluso el grafo digitalizado de una firma manuscrita (no confundir esto último con los sistemas de captura de firma manuscrita de los que hablaremos más adelante). Este tipo de firma es adecuado para identificar al firmante, pero no puede garantizar la integridad del contenido del documento. La ventaja que ofrece es que su utilización es muy sencilla; los inconvenientes son un nivel bajo de seguridad y la imposibilidad de garantizar la integridad.

En segundo lugar se encuentra la firma electrónica avanzada. Además de identificar al firmante, este tipo de firma electrónica garantiza la integridad del documento. Su seguridad es alta, pero requiere la utilización de un certificado electrónico, lo que puede hacer su uso relativamente complejo.

Por último en el grado máximo de seguridad se sitúa la firma electrónica reconocida, que debemos empezar a denominar cualificada de acuerdo con la terminología del Reglamento europeo que entrará en vigor próximamente. La ley le reconoce el mismo valor que a la firma manuscrita.

Tanto la avanzada como la reconocida (o cualificada) presentan frente a la manuscrita la capacidad de preservar la integridad del documento, algo que la firma hecha a mano no puede garantizar.

A esta clasificación basada en la Ley 59/2003, hay que añadir la firma manuscrita digitalizada, que es la firma electrónica que se obtiene por medio de la captura de la firma manuscrita utilizando dispositivos de captura móviles o fijos (tabletas). La firma así obtenida es en principio una firma electrónica simple, sin embargo si la captura incluye datos biométricos del firmante (presión, velocidad…) y la utilización de un certificado electrónico no aportado por el firmante, esta firma puede llegar a ofrecer las mismas garantías que la firma electrónica avanzada.

La duda entre firma manuscrita y firma electrónica vendrá resuelta por la naturaleza de los documentos a firmar –en papel o electrónicos-, teniendo en cuenta la circunstancia de que la firma manuscrita no garantiza la integridad del documento y las electrónicas avanzada y cualificada, sí.

De entre las distintas firmas electrónicas, debe decirse que todas tienen efectos jurídicos reconocidos legalmente, si bien su eficacia probatoria dependerá de si son simples, avanzadas, cualificadas o manuscritas digitalizadas. Cada tipo de firma tendrá por tanto su aplicación adecuada dependiendo del tipo del trámite o transacción para los que se utilice. Y para dar con el tipo de firma adecuada deben servir como guías los principios de proporcionalidad, simplicidad y movilidad, que a este respecto han sido invocados recientemente por el Informe CORA Para la Reforma de las Administraciones Públicas y por la Agenda Digital para España 2013.

3 pensamientos en “La firma electrónica en la gestión de los documentos electrónicos.

  1. Pingback: La identificación electrónica en el mercado interior europeo | innovacionactiva

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