¿Será la normativa geográfica y catastral del futuro sólo un conjunto de algoritmos?

catastro_algoritmos_iecisablogIgnacio Durán Boo, responsable de innovación y oferta estratégica en el ámbito de la información geográfica y Catastro en Informática El Corte Inglés.

En la anterior entrada de esta sección del blog hice mención a un reciente trabajo publicado por un grupo de expertos de instituciones catastrales suizas titulado “Más allá de los límites. Reflexiones, visiones y expectativas para un futuro catastro dinámico” (pdf, inglés), en el que se realiza un serie de pronósticos sobre cómo serán los catastros en un futuro inmediato. El documento contiene opiniones sobre diversas cuestiones del máximo interés para quienes  nos dedicamos tanto al estudio y representación del territorio, como a diseñar y aplicar las tecnologías y soluciones más adecuadas para ello. En esta ocasión quiero detenerme en un tema también tratado es ese documento, que se refiere al futuro valor de los algoritmos dentro de la actividad geográfica en general, y catastral en particular.

Partiendo de una idea sugerente que se apoya en la rápida evolución de las tecnologías basadas en el geoposicionamiento, y dando por hecho que pronto dispondremos de herramientas capaces de obtener muy altos niveles de precisión sin intervención de topografía tradicional, concluyen estos expertos que pronto será el territorio quien nos señalará nuestra posición con una precisión absoluta, lo que supone que será el propio territorio el que se convierta automáticamente en el mapa que abarca todos los mapas. El territorio será el mapa.

Sin entrar ahora en la forma en que esta previsible situación puede llegar a alterar las actividades topográficas tradicionales, me interesa en este momento plantear algunas  cuestiones:

Si la situación, linderos y superficie precisa de una parcela o de cualquier otro objeto geográfico se van a obtener directamente de los equipos utilizados, ¿cómo garantizar la calidad del dato obtenido? ¿Cómo saber que ese dato representa con veracidad y precisión adecuada ese objeto geográfico? Y, ciñéndonos expresamente al sistema catastral, si se aplican estos sistemas en los procedimientos de actualización catastral, ¿cómo  salvaguardar la presunción legal de veracidad del dato catastral, que se define en la normativa española reguladora del Catastro?

Refiriéndose a la actividad que deberán realizar los funcionarios del Catastro del futuro y, en mi opinión, también todos aquellos que trabajan en Institutos Geográficos y otras organizaciones públicas productoras de datos territoriales, los expertos del Catastro suizo aportan algunas respuestas a estas preguntas:

“La segunda consecuencia teórica y práctica se refiere al reconocimiento legal de los algoritmos. Hasta ahora trabajamos en definir las bases de datos de objetos, capas catastrales, etc., pero a partir de ahora, además de todas las bases de datos existentes o futuras, también estaremos obligados a archivar algoritmos. Estos algoritmos requerirán ahora una certificación oficial, ya que serán la base de la reconstrucción de los conjuntos de datos y los datos.”

“El algoritmo que sirve de base para obtener el dato tendrá que ser legal y necesitará ser controlado a través de, por ejemplo, trabajos de medición.”

Según se plantea la cuestión, parece que el papel de la normativa reguladora de la información geográfica y catastral del futuro será el de dar validez legal a los distintos algoritmos que se utilizarán en todas las funciones relacionadas con la obtención de datos del territorio, y especialmente aquellos que se aplican en la captura de imágenes y en la elaboración de la cartografía. Ello requerirá de las autoridades geográficas y catastrales la validación específica de cada algoritmo, a través de los trabajos previos de comprobación que resulten necesarios.

Entiendo que, además, los funcionarios de los Institutos Geográficos y del Catastro deberán desarrollar competencias específicas de homologación de equipos y sistemas, como requisito previo para dar validez legal a los datos obtenidos con dichos equipos.

Según esto,  parece que en el futuro cualquier ciudadano podría medir su parcela y remitir la información necesaria al Catastro, al órgano que le expropia su propiedad para construir una autopista, o a la entidad que está realizando el deslinde de una determinada zona, utilizando tan sólo una determinada tablet homologada que integre un software que trabaje con los algoritmos igualmente homologados.

El tema me parece del máximo interés, pues plantea una auténtica revolución -que ya se está produciendo de manera silenciosa- en la metodología de captura de información geográfica para el mantenimiento del Catastro o de cualquier otro SIG, y tiene mucho que ver con “la nueva manera de hacer trabajo de campo”, a la que me referí en anteriores entradas de este blog.

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