El Consentimiento Informado también puede ser electrónico

consentimiento_informado_iecisablogJosé Estañ Bistuer, Consultor de ECM en Informática El Corte Inglés.

El Consentimiento informado es, dentro del ámbito sanitario, uno de los documentos que integran la Historia Clínica y puede definirse como la autorización que otorga un paciente de manera libre y voluntaria, tras ser debidamente informado, para ser objeto de un tratamiento o una intervención. Debe ser un documento capaz de probar que se ha firmado de manera consciente, después de las explicaciones comprensibles del personal sanitario, con la antelación adecuada. Una deficiente gestión de este documento puede traer consecuencias muy graves para el personal y los establecimientos sanitarios, pudiéndose hablar de distintos grados de responsabilidad civil e incluso penal.

La regulación del Consentimiento Informado se encuentra en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Además cada Comunidad Autónoma cuenta con su propia regulación.

Dentro del proceso de digitalización de la Historia Clínica, el Consentimiento Informado es unos de los documentos que más se resisten a abandonar el formato papel. Sin embargo existen sistemas de captura de firma manuscrita que hacen posible de manera relativamente sencilla, la generación de documentos electrónicos válidos sin la necesidad de que el paciente esté obligado a otra cosa que a firmar sobre una tableta. Las razones para esta resistencia a cambiar de soporte pueden ir desde la dificultad de disponer de una tableta por cada dependencia en la que los pacientes deben firmar, o al hecho de que en determinadas Comunidades Autónomas es obligatorio entregar una copia al paciente, lo que implica tener prevista la impresión en papel o el envío en formato electrónico de manera segura. Dificultades, como se ve, más organizativas que tecnológicas, y fácilmente superables.

En cualquier caso –y en cualquier Comunidad Autónoma– debe quedar fuera de toda duda que el paciente ha leído el documento estando en condiciones de entenderlo, que ha sido firmado por él o por su representante y que el contenido no ha sufrido alteraciones después de la firma. Además es necesario que se conserve con las garantías de poder recuperarlo, leerlo y accionar los mecanismos que acrediten su integridad y autenticidad.

Todo esto puede conseguirse si se dispone de un adecuado sistema de firma manuscrita digitalizada que combine el uso de dispositivos de captura de datos biométricos, con la utilización de certificados de firma electrónica, así como de sellos de tiempo que permitan determinar el momento de la firma.

Combinando estos elementos se obtiene como resultado un documento electrónico que –si todo está bien implementado– ofrece muchas más garantías que un documento en papel. Por eso, hay que insistir en que las reticencias para incluir al Consentimiento Informado en la Historia Clínica Digital, no son estrictamente de naturaleza tecnológica, sino que obedecen más bien a motivos de organización.

Pero si la tecnología está madura y las garantías que ofrece son capaces de otorgar un valor probatorio para hacer valer el documento ante una posible reclamación, seguramente ha llegado el momento de culminar el proceso de digitalización de la Historia Clínica. ¡A la salud de todos!

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