¿Qué va a quedar de estos días? El Archivo Histórico Nacional cumple 150 años

archivo historico nacional_iecisaBLOGJosé Estañ Bistuer, Consultor de ECM en Informática El Corte Inglés.

El pasado 28 de marzo el Archivo Histórico Nacional ha cumplido 150 años de vida, pero en su interior conserva muchos más años, muchísimos más, y también mucho espacio: hasta 43.609 metros lineales de documentación.

El Archivo Histórico Nacional se creó para recoger la documentación de la Administración del Estado que ha perdido efectos administrativos pero que conserva valor histórico. El Archivo alberga y custodia la documentación producida y recibida por los organismos del aparato administrativo del Estado español desde la Edad Moderna, así como otros fondos documentales de instituciones públicas y privadas desde la Edad Media.

Entre sus fondos podemos encontrar pergaminos medievales, códices, fondos monásticos y de órdenes militares… Incluso podemos consultar documentos procedentes de las Capitanías Generales de Cuba y de Filipinas correspondientes al periodo de la historia en que esos territorios tenían administración española. El documento más antiguo catalogado en este Archivo es un pergamino del año 857, mientras que los documentos más modernos corresponden al siglo XXI y muchos de ellos han nacido ya en formato digital.

A raíz del 150 aniversario del Archivo Histórico Nacional se ha producido el hecho muy poco frecuente de que un Archivo haya ocupado un lugar preferente en los medios de comunicación. Revisando las informaciones aparecidas en periódicos –digitales y en papel–, televisiones y radios, es inevitable sentir cierto vértigo al comprobar lo bien documentado que está el pasado.

Sí, un vértigo que se produce al mirar atrás (que no abajo) desde la enorme distancia que  separa nuestro presente digital del mundo de hace apenas unos años. Se produce un temor a que  la ingente cantidad de información que producimos cada día, cada hora, cada segundo, no pueda conservarse de manera adecuada para poder acceder a ella en el futuro. Simplificando y trasportándonos al ámbito más cotidiano: “Puedo ver las fotos de la boda de mis padres, pero no tengo forma de ver el vídeo de la mía”.

Es entonces cuando surge una pregunta hasta ahora solamente formulada por poetas y gente melancólica: “¿Qué va a quedar de estos días?”

Los beneficios de la transformación digital son absolutamente innegables y están fuera de toda duda. De hecho sólo a través de soluciones informáticas puede sacarse partido a la información contenida en los millones de documentos que custodian los archivos. Es más, la mayoría de los documentos históricos no podrían consultarse si no hubieran sido digitalizados, ya que se encuentran en un estado físico que no permite su lectura. Además la imagen digital puede ser optimizada y accedida por cualquier investigador sin limitaciones geográficas o temporales.

Sin embargo, siendo incuestionable la ventaja del archivo digital frente al físico, la falta de una adecuada conservación puede hacer desaparecer enormes cantidades de documentación y llevarnos a esa “Época Oscura” que por ahora es sólo ciencia ficción un tanto apocalíptica. Lo cierto es que la era digital es imparable y existen técnicas y métodos de hacer perdurar la constante generación de información que la caracteriza. El modo de evitar encaminarnos a esa oscuridad augurada por los poco puestos en tecnología es diseñar una adecuada política de preservación digital, que debe considerarse como un requisito sine qua non de la transformación digital.

Parece evidente, pero no lo es tanto, que la gestión de un archivo integrado por documentos nacidos digitales o digitalizados, requerirá la aplicación de una serie de métodos y técnicas que garanticen que la información almacenada se conserve y pueda utilizarse en el futuro sin problemas de legibilidad y sin cuestionar su integridad o autenticidad. Son técnicas encaminadas a la conservación de la información contenidas en los documentos y no a la conservación de los documentos en sí mismos, por lo que la conservación de los soportes físicos –fundamental en los documentos históricos– deberá conseguirse mediante la aplicación de otros métodos.

Las principales amenazas contra las que debe luchar una adecuada política de preservación digital son la obsolescencia tecnológica y la degradación de los soportes. Por una parte la rápida evolución tecnológica convierte en inaccesible la información contenida en soportes que ya no pueden ser leídos al desaparecer los dispositivos o cambiar los sistemas que permitían su lectura; por otra parte los soportes ópticos y magnéticos tienen una vida limitada y son muy sensibles a las condiciones de almacenamiento.

Por último, tal vez proceda hacer una reflexión sobre la contemplación del documento entendida desde un punto de vista artístico, histórico, o, si se prefiere, fetichista. Los documentos digitales tal vez no pueden exponerse en una vitrina; no adquieren un tono sepia con el paso del tiempo; ni siquiera tienen el confortante olor del papel viejo. La conservación física de los documentos históricos es tanto como la afirmación de nuestra identidad como integrantes de una nación, una cultura o una religión, consiguientemente merece todos nuestros esfuerzos y la digitalización será la herramienta que nos permita beneficiarnos de su información. Con la firme voluntad de conservar el pasado, de ahora en adelante hemos de ser conscientes de que estamos en otra época; tenemos herramientas que hace unos años eran impensables y sin duda vivimos de otra manera. Somos inevitablemente digitales. Por suerte para nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s