Acercar la nube para mejorar la experiencia de usuario

nube_experiencia de usuario_iecisaBLOGJordi Florenza Vega, Digital Business and Innovation Manager en Informática El Corte Inglés.

De sobra son conocidas las bondades del Cloud Computing, una de las tecnologías más disruptivas y trascendentales de nuestro tiempo. Del crecimiento exponencial que está viviendo la nube, el tráfico de datos, el número de dispositivos conectados y, sobretodo, la rabiosa tendencia del Internet of Things, nació el concepto del Fog Computing. Bajo esta nomenclatura análoga radica un concepto nacido para explicar cómo las aplicaciones y los datos generados en los dispositivos residen al borde de la red, es decir, en un dispositivo, y no puramente en la nube. Esto implica que, por ejemplo, los datos que va registrando un frigorífico inteligente y el procesamiento de los mismos, se almacenan y analizan en el dispositivo. Ya no es necesario enviar a la nube el número de veces que abrimos la nevera, los momentos del día que lo hacemos o el tiempo que ésta permanece abierta para obtener analíticas en tiempo real del consumo energético y del gasto en euros que llevamos acumulado.

Parece extraño aliviar la nube de almacenamiento y cálculo justamente cuando el Cloud Computing está concebido para todo lo contrario. El sentido del Fog Computing no es el de reemplazar nada, sino el de mejorar la experiencia de usuario a partir de arquitecturas que proporcionan resultados en un tiempo real más efectivo y que esquivan el envío de datos a servidores lejanos. Las redes que se crean en el borde posicionan los servicios más cerca del usuario sin necesidad de recorrer toda la WAN y permiten obtener ventajas en materia de reducción de tiempo, disminución de costes, practicidad de los procesos y mejora en las demandas de movilidad.

Llevamos encima varios dispositivos móviles, utilizamos electrónica de consumo conectada a Internet y paseamos rodeados de sensores inteligentes. Con esta cantidad de artefactos que nos asedian, parece tomar sentido el uso de arquitecturas al borde de la red. Pero más curioso es aún el porvenir que nos espera ya que en un futuro no-quimérico, muchos de nosotros acabaremos inyectándonos biosensores en nuestro cuerpo. ¡Nosotros seremos la nube!

Biosensores que mejorarán la calidad de vida

Un biosensor es un instrumento que se utiliza para medir parámetros biológicos o químicos. En términos generales, un biosensor está formado por dos elementos: un receptor biológico y un sensor. El primer elemento es el encargado de detectar una sustancia a través de las interacciones moleculares. El segundo, interpreta esta reacción y la traduce a una señal cuantificable. Aunque suene a ciencia ficción, llevamos tiempo utilizando biosensores. Uno de los ejemplos más extendidos y utilizados diariamente por millones de personas son los biosensores de glucosa.

Diferentes equipos de investigadores de universidades de referencia están trabajando en el desarrollo de dispositivos electrónicos capaces de ser implantados dentro del cuerpo humano para mejorar nuestra calidad de vida. Por ejemplo, un equipo de investigación de la Carnegie Mellon University (EEUU) está encapsulando nano-dispositivos en el interior de una pastilla fácilmente digerible. O, por otro lado, y para los menos amigos de tragar pastillas, investigadores de la University of Wollongong (Australia) están desarrollando prototipos de biosensores a partir de hidrogeles, insolubles en agua, blandos y elásticos que, una vez ingeridos, también permitan obtener información de nuestro metabolismo. Estos últimos, además, han sido creados mediante impresión 3D. Todos los datos obtenidos directamente desde nuestro interior permitirán al médico disponer de más y mejor información sobre lo que suceda en nuestro cuerpo en tiempo real. Finalmente, y una vez el biosensor haya efectuado su trabajo, éste se disolverá y se eliminará de forma natural.

Probablemente coincidamos todos en que no es extremadamente necesario llegar a límites tan remotos para vaticinar un simple catarro. Confiando (o no) en la previsión meteorológica y en nuestra ropa de abrigo, será más que suficiente saber si mañana nos quedaremos en la cama. Pero, ¿qué pasaría si pudiésemos identificar en tiempo real el crecimiento maligno de células del tejido pulmonar? Es decir, identificar en una fase totalmente embrionaria un futuro cáncer de pulmón. La cosa cambia.

La destreza y el atino de la ciencia dictará el momento en el que empezaremos a utilizar estos dispositivos en nuestro interior. Pero, sea más pronto o más tarde, lo que está claro es que todas estas iniciativas deberán apoyarse sí o sí en los pilares de la Tercera Plataforma: en una solución de Movilidad que permita comunicarnos en todo momento y allí donde estemos con nuestro doctor, en un producto de análisis basado en los principios del Big Data capaz de interpretar correctamente multitud de datos de distinta naturaleza, analizarlos y dar una respuesta instantánea y, finalmente, soportarlo todo gracias a un modelo en Cloud que aproveche las ventajas que se ofrecen en materia de escalabilidad, acceso remoto, tiempos de respuesta, costes y nivel de servicio. La fabricación de todo este tipo de componentes electrónicos (diseño, ingeniería, cadena de suministro, mecanizado, servicios, etc.) deberá estar focalizada a un mundo inteligente, plenamente conectado y muy cercano a nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s