¿De qué hablamos cuando hablamos de Transformación Digital? (I)

transformacion-digital_que-es_iecisablogVicente CalzadoDirector Adjunto de Informática El Corte Inglés

El término “Transformación Digital” ha sido tan sobreutilizado últimamente que está a punto de dejar de tener un significado claro, empezándose a generar una importante confusión sobre qué es y qué no es la Transformación Digital. Estamos en un momento de indefinición y confusión muy similar al que existe en torno a las “nuevas” tecnologías digitales –como si la codificación mediante el uso de los dígitos 1 y 0 fuera algo nuevo–.

Para intentar concretar más de qué tecnologías hablábamos, conviene hacer un poco de historia. Hace unos años se empezó a utilizar el acrónimo SMAC –Social, Mobility, Analytics y Cloud– como el conjunto de tecnologías digitales que iban a transformar los negocios (más tarde convertido en SMACS al añadir la “S” de Security a ese conjunto). El “Nexus of Forces” de Gartner o la “Third Platform” de IDC coincidían en esa idea. Luego, han ido cobrando fuerza otras tecnologías (Internet of Things, 3D Printing, Cognitive, Machine Learning, etc.) merecedoras de incluirse en ese selecto grupo con capacidad de transformación.

Pero los Comités de Dirección de las empresas seguían sin tener una idea clara sobre cómo esas tecnologías les iban a permitir alcanzar sus objetivos de negocio. Por lo que enseguida se vio, que poner el foco en la tecnología no era la estrategia adecuada y que aplicar cualquier tecnología, sin más, no garantizaba ser más competitivo o mejorar la cuenta de resultados.  Entonces, se cambió el enfoque: “Hay que centrarse en el cliente”, dijeron. (¡Esta sí que era una idea novedosa!) y todos empezamos a hablar de “Customer Centricity”, “Customer Experience”, “Customer Engagement”, porque el cliente -digital e hiperconectado- era el que mandaba ahora, por lo que todas las estrategias de negocio debían centrarse en él.

Ahí estábamos, cuando de pronto, descubrimos que la verdadera estrategia digital pasaba por centrarnos en los datos (“data centric”). –¿Pero no era en el cliente?,– Bueno sí, el cliente, pero también los datos. Así que el  “Big Data” tomó protagonismo y ocupó los titulares de prensa más atractivos. Hacía años que habíamos sustituido el término “datos” por “información” o “contenidos” cuando la información no era estructurada, incluso empezamos a gestionar el “conocimiento” (Knowledge Management ¿se acuerdan?), aunque esto no perduró. Y ahora, volvemos a los datos, pero en big (Big Data).

 Pese a este totum revolutum,  donde sí parece haber consenso es en el convencimiento de que todas las empresas, con independencia del sector al que pertenezcan, deberán transformarse y, por tanto, deberán establecer una “estrategia digital” o ¿debemos hablar mejor de una “estrategia de negocio digital”? (aquí tampoco hay consenso).

 

Sea lo que sea, la transformación digital ha venido para quedarse

Son muy pocos ya, los que piensan que la transformación digital –sea lo que sea– puede considerarse una moda pasajera, algo, asociado al marketing y fruto de un acuerdo entre analistas, fabricantes de tecnología, consultoras e integradores para generar una mayor demanda de proyectos tecnológicos.

Basta con mirar a nuestro alrededor para comprobar que la Transformación Digital es real y que está teniendo resultados palpables en términos de negocio en todos los sectores, incluido el sector público. Por lo tanto,  todas las empresas deben plantearse su propia estrategia de Transformación Digital, con mayor o menor alcance, si quieren seguir siendo competitivas en el medio plazo. Y no, no es fácil dar una definición única, porque la Transformación Digital ha de estar siempre marcada por una estrategia de negocio que defina claramente unos objetivos de negocio concretos. Esto es lo que hace que sea diferente en cada organización. Pero, en términos generales, sí podemos decir que la Transformación Digital debe ser entendida como un proceso que implemente esa estrategia, sin perder de vista los dos objetivos de negocio fundamentales como son el crecimiento y la mejora del beneficio. O dicho de otro modo, el incremento de las ventas y la eficiencia operacional, además, claro, de los objetivos específicos que establezca cada organización.

Cualquier estrategia de transformación digital deberá disponer además, de unas líneas de actuación claras que incluyan desde el rediseño completo y disruptivo de los modelos de negocio, hasta la transformación de modelos operativos o de servicios, la optimización de procesos de negocio concretos y la digitalización de parte de un proceso o de los entornos de trabajo de los empleados. La evolución también deberá incluir la transformación de las infraestructuras corporativas que soporten las operaciones.

Es decir, cualquier alcance puede ser válido, siempre que esté alineado con los objetivos de negocio. No es necesario un planteamiento que incluya actuar inicialmente sobre todos los niveles. Ahora bien, cualquier transformación digital, deberá centrarse, al menos, en tres aspectos imprescindibles: el cliente, la eficiencia operacional y la gestión y el análisis de toda la información relevante para facilitar la toma de decisiones en tiempo real.

Cuando se hayan definido estos objetivos, es cuando entran en escena las nuevas tecnologías (Cloud, Mobility, Big Data/Analytics, Social Business, Internet of Things, Security, etc.) que se presentan como elementos facilitadores para dar una respuesta ágil a los requerimientos de negocio. No hay que poner el foco en la tecnología, sino utilizarla para alcanzar los objetivos corporativos.

 

La Transformación Digital también es cosa de la Administración Pública

Este concepto de Transformación Digital es también aplicable al sector público, simplemente cambiando “cliente” por “ciudadano” –no en vano cada uno de nosotros somos las dos cosas– y sustituyendo los objetivos de negocio de crecimiento y beneficio por, los relacionados con la calidad de los servicios públicos, la transparencia y la eficiencia en costes. Porque las limitaciones presupuestarias obligan siempre a contemplar este último punto.

Pero además, la transformación digital en el sector público tiene un condicionante añadido marcado por  las Agendas Digitales –española y europea– y por un marco legal en el que, por ejemplo, las leyes 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas y la 40/2015 de Régimen Jurídico del Sector Público, plantean la obligatoriedad de digitalizar la actividad administrativa con plazos establecidos para lograrlo.


Ver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Transformación Digital? (II)

2 pensamientos en “¿De qué hablamos cuando hablamos de Transformación Digital? (I)

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