La ambigüedad cuántica de la próxima Transformación

ordenadores_cuanticos_iecisablogJordi Florenza Vega, Digital Business and Innovation Manager en Informática El Corte Inglés.

Estamos viviendo una transición tecnológica realmente significativa donde modelos de negocio, modelos operacionales y procesos de todas las organizaciones se están reinventando para mejorar la forma en la que se desempeñan y sirven. En prácticamente cualquier iniciativa que se está llevando a cabo interfiere algún facilitador tecnológico que conecta y conmuta el anterior modo de actuar con el nuevo. Por ejemplo, cerramos el servicio de Call Center que hasta ahora daba soporte a clientes, y en su lugar implantamos una solución de reconocimiento de texto y lenguaje natural que gestiona todas las incidencias de nuestros clientes con un ratio de éxito mucho mayor y a un coste menor. Este reajuste nos permite obtener ventajas competitivas y mejorar nuestra cuenta de resultados. Ya hemos tomado como normal este tipo de herramientas definidas en el Plan de Transformación Digital de la corporación y las vamos implantando según lo proyectado. Sin embargo, hay una tecnología de la que se oye hablar relativamente poco pero que va a cambiarlo absolutamente todo: la computación cuántica.

Sin entrar en demasiado detalle, la física cuántica dice que los sistemas físicos, es decir todo lo que nos envuelve, quedan definidos únicamente en base a la información que se tiene de ellos. Una cosa no es lo que creemos que es, si no que una cosa es aquello de lo que tenemos información. La dicotomía con la que entendemos las cosas queda complementada por un nuevo estado, el de ambos estados a la vez. Es la llamada superposición de estados. Aunque pueda parecer algo complejo de entender, no lo es tanto. Únicamente debemos cambiar la percepción actual de la física clásica y dar por válido que el mundo es cuántico. Aterrizando el concepto y hablando en idioma TIC, un bit ya no es únicamente un 0 o un 1. Tiene un estado que es 0 y 1 a la vez y, una vez veamos el resultado final de una operación, entonces tendremos la información que nos confirmará su valor final. Un único estado cuántico, son dos estados clásicos. A esta unidad de dos estados propios se le llama qbit.

Explicar el concepto cuántico en un párrafo es imposible (aquí no hay superposición de estado posible) pero si nos fijamos en algunos de los movimientos que se filtran y realizan desde las más altas capas empresariales y administrativas, podemos empezar a intuir la importancia de este fenómeno. Estamos hablando de una manzana tan dulce y codiciable que ninguno de los grandes players mundiales quiere quedarse atrás en la carrera por morderla primero:

  • Estados Unidos ya dispone de más de un ordenador cuántico 100 millones de veces más rápido que un ordenador convencional y con el que están trabajando distintos grupos de trabajo de forma muy activa.
  • China también está apostando por esta tecnología ultra-disruptiva y lanzó hace unos meses un satélite al espacio que permite realizar comunicación cuántica y secreta mediante el envío de fotones entre dos nodos.
  • Europa, como tampoco quiere quedarse atrás en esta revolución cuántica, decidió este mismo 2016 destinar mil millones de euros en el Quantum Flagship, su instrumento de financiación más potente. Sin conocer detalles de cómo se invertirá este dinero, sí se sabe que aproximadamente la mitad de los fondos se destinarán a la construcción de un ordenador cuántico. Un ordenador de 500 millones de euros. Casi nada.
  • Canadá presume de tener un clúster de empresas y centros dedicados a esta tecnología y, sobretodo, de albergar al fabricante del D-WAVE, el ordenador cuántico del que firmas como Google, IBM o la NASA ya hacen uso.

La gracia de conseguir este ordenador cuántico es que con él se podrán realizar varios cálculos en paralelo únicamente con una acción física. Lo que hoy es una simple operación de cálculo, con un ordenador cuántico estaríamos hablando de realizar un número exponencial de operaciones matemáticas pero, igualmente, con un único cálculo. Concretamente se pueden realizar 2n operaciones clásicas con una sola operación cuántica, siendo n el número de qbits que tenga el ordenador. A mayor número de qbits del ordenador cuántico, mayor número de operaciones simultáneas a realizar.

Poder disponer de un ordenador que es capaz de efectuar más cálculos de lo que son capaces de calcular todos los ordenadores actuales de la Tierra trabajando en paralelo es un avance prácticamente sin precedentes. Y en eso se está trabajando a día de hoy. En superar a la física clásica.

La traducción práctica de este gran dominio computacional no es sólo el de poder calcular en segundos lo que ahora tardamos mucho más tiempo en realizar (¡y eso que estamos tirando de grandes clústeres de máquinas en la nube!) si no que este ordenador será capaz de superar límites que los sistemas actuales son incapaces de sobrepasar. Por ejemplo, uno de los grandes problemas que la computación cuántica resolvería sería el de la factorización. Los sistemas actuales de criptografía RSA utilizan la factorización y la dificultad computacional que supone encontrar dos factores primos de un gran número compuesto, para proteger las comunicaciones. Las claves públicas y privadas que sirven para cifrar y descifrar mensajes, utilizan la multiplicación de grandes números primos para convertir un problema matemático en algo tan complicado de resolver que haga intratable el pirateo de mensajes. El tiempo requerido hoy para la factorización de un módulo determinado responde a una función exponencial, es decir que añadir más dígitos a un número implica que el tiempo para factorizar crece exponencialmente. Pues bien, según lo que se ha visto, la factorización para el caso cuántico viene definida por un polinomio. Es decir, que el tiempo requerido para descifrar un mensaje mediante computación cuántica es lineal. En otras palabras, aquél que tenga un ordenador cuántico será capaz de descifrar rápidamente cualquier código por muy complicado que sea éste. Tendrá competencia para acceder a una cuenta de correo, interceptar una llamada telefónica, efectuar grandes transferencias de dinero o programar el lanzamiento de un misil.

Y por aquí es por donde viene el gran desafío, en redefinir todos los modelos de negocio actuales. La demanda actual de la industria es débil, motivada principalmente por lo imberbe del caso y el desconocimiento general que hay, pero una vez se llegue a topar con el control de la tecnología, el mundo cambiará radicalmente de un día para el otro. Será un antes y un después que afectará a sociedad, economía y política de forma universal. El hermetismo con el que vive Corea del Norte y su política intimidatoria con la que aún resiste dejará de tener sentido, los aviones podrán volar sin pilotos y su precisión será tan rigurosa que nos olvidaremos de las soporíferas esperas en los aeropuertos o, por ejemplo, podremos conocer qué hay debajo de una superficie determinada antes de excavar y así descubrir pozos de petróleo o minas de diamantes ocultos que servirán para impulsar zonas geográficas desamparadas de antemano. Y eso sin olvidar la renovación completa multisectorial de dispositivos, comunicaciones y reglamentos u ordenaciones que habrá que materializar.

Probablemente no sea ni el próximo año ni el siguiente, pero este cambio está más cerca de lo que creemos. Sólo basta con ver hasta qué punto se ha llegado hoy, los recursos invertidos y los intereses que hay detrás para darse cuenta de su importancia. Desde nuestra posición lo único que nos queda es seguir expectantes a los avances que van floreciendo respecto a este tema y no dejar pasar el tren de la actual Transformación Digital, no sea que nuestra competencia nos borre del mapa hoy mismo y no podamos contar mañana cómo nos vamos a adaptar a la Transformación Cuántica. Si ahora mismo no se están explotando grandes cantidades de datos en tiempo real o se sigue trabajando de forma impersonal con empleados y clientes, no es que se esté yendo tarde, es que ya se está muerto. Sin dobles sentidos.

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